martes, 26 de octubre de 2010

Vaticano - Capilla Sixtina - ¡¡SILENCIO!! ¡¡NO FOTO!!

Ayer comencé la serie de fotografías que tuve el placer de tomar en mi visita a los Museos Vaticanos, y ya os decía que me encantaron los techos de las distintas estancias y galerías.
Hoy os mostraré alguna más, pero antes necesito soltar algo, porque dicen que el veneno es mejor escupirlo que tragarlo.

Si alguno de mis lectores tiene intención de visitar Roma en un futuro, no puede dejar de ver los Museos Vaticanos. Lo que allí verá tiene un valor incalculable, es irrepetible y merece la pena ser contemplado.
Ahora bien, es muy probable que salga decepcionado de la visita, como me ocurrió a mi y a muchas otras personas según me consta.
Puedo pasar por hacer una interminable cola de espera de más de dos horas en la calle (tal vez culpa mía, por elegir la mañana del último Domingo de mes contando - iluso de mi - con eliminar a los miles de turistas que desean asistir a las celebraciones religiosas en las iglesias, e incluso congregarse en la Plaza de San Pedro con esperanza de ver al Papa). Fue un error, se ve que el gratis tira más que la fe.
Puedo pasar por aguantar en esa cola a un grupo de petardas francesas, cuarentonas, colándose con toda su jeta. No me acordaré del grupo de rusos que avanzaba empujando por la derecha, pegándose a tu espalda casi hasta impedirte respirar.
Si hubiese pagado los veinte euros de entrada, no me hubiera parecido dinero malgastado, todo lo contrario.
Admito, me parece triste pero admito, que nada mas entrar las hordas de turistas se desboquen en carrera frenética camino de la tan ansiada capilla sixtina, al parecer único objetivo de su visita a los Museos Vaticanos.
Hasta aquí, todo incómodo pero lo acepto resignado.

Lo que ya no puedo aguantar es el trato que se da a los visitantes en esa cueva de ali-baba (si, si, o isla de Barbanegra, o bodega del navío de Francis Drake, o consignas privadas de algún banco suizo, al fin y al cabo todo es material robado o conseguido de manera ilegal e inmoral).

Es intolerable que no te permitan visitar el museo con libertad, sino que te van pastoreando como al ganado camino del matadero (también llamado capella sistina), de tal modo que si al entrar decides comenzar por la pinacoteca, cuando acabes te habrás perdido la opción de visitar el ala opuesta, ya que el pasillo que antes estaba abierto al volver te encuentras que está acordonado y con un gorila con pinganillo impidiéndote el paso y diciendo circulen, circulen.
Y de ese modo, inexorablemente te van dirigiendo hacia la salida, cada vez más apretados en los pasillos y sin tiempo ni posibilidad de pararte a ver nada, ni por supuesto intentar retroceder sobre tus pasos, tarea ésta imposible e incluso peligrosa (puedes morir aplastado por un grupo de japoneses, o bien acorralado por un grupo de seguratas con mala leche).
Quiero agradecer a Sus Eminencias o al Jefe de la Guardia Suiza, o al Prefecto de la Santa Sede encargado de acorralar a los visitantes del museo que me hayan privado, por ejemplo ,de ver la preciosa escalera de caracol de Giuseppe Momo, ni la de Bramante, ni la galería de los candelabros, ni la escalera de Simonetti, vamos, lo que se llama una visita a fondo....

Y después de esta maravillosa experiencia, llegas al destino final, donde todo el mundo quiere estar: la capilla sixtina, obra maestra del genio Michelangelo Buonarotti (bueno, en realidad también están presentes Boticelli, Perugino, Ghirlandaio, pero estos jugaban en el Racing, y el otro en el Madrid, ya sabéis cómo va esto.
Al ser un lugar sagrado, los amables y educados guardas de seguridad te recuerdan que en ese lugar debes permanecer en silencio, que no te detengas sino que avances hasta el fondo de la sala para apretar tus carnes contra los no menos de 500 compañeros de rebaño, que no te sientes, que eches un vistazo y te larges pronto, y por supuesto que ni se te ocurra hacer una fotografía.
Hacinados como el ganado, el medio millar de bobos nos quedamos mirando hacia la bóveda de la pequeña estancia, con una pobrísima iluminación que impide realizar una fotografía ni subiendo el ISO hasta esos divertidos y completamente inútiles 12800.
Y no contentos con esto, los carabinieri, seguridad privada, guardia suiza o cancerberos del infierno, no paran de gritar, y digo gritar, SILENCIOOOO, SILENCIOO, NO FOTOOOO, NO FOTOOO.
No se me ocurre un ambiente más agradable para contemplar una obra de arte.
Me puso de tan mal humor que decidí provocarles. No tenía ninguna intención de hacer ni una sola foto en la capilla, pero decidí hacerme primero un autorretrato, y después alcé los brazos por encima de mi cabeza con mi EOS50D y el gran Falcon y disparé hacia arriba. En el tiempo que duró la exposición (8 segundos, creo) sentí una mano en mi hombro y una voz a mi espalda que me decía: "¡¡ACOMPÁÑEME, SIGNORE!!!". Yo le decía en perfecto italiano - "eh, la mia esposa, non puedo dejar a la mia esposa". Y él decía - "la signora se puede quedar, usted FUERA!!!".
-Lo conseguí- ME EXPULSARON DE LA CAPILLA SIXTINA
Casi a empujones me pasaron al otro lado de una especie de tabique que separa la estancia principal del fondo de la sala, y en cuanto llegué a este sitio otro gorila se pegó a mi con mirada amenazante y señalando mi cámara - NO FOTO.

Como os digo, toda una experiencia (para olvidar). No entiendo como:
1º cobran una entrada y después te tratan como a un animal (y no hablo por mi, sino por todos los pobres que no llevan ni cámara y tienen que soportar esa humillación)
2º pretenden mantener en silencio a una masa incontrolable
3º la estúpida obsesión con las dichosas fotografías.
  •   ¿daños a los frescos? - y una mierda
  •   ¿derechos de explotación? - de todo lo que han derrochado con el dinero que los poderosos arrebataban al pueblo y utilizándolos como esclavos
  • ¿respeto religioso? - ya he visto las ceremonias PRIVADAS en varias capillas del mismísimo San Pedro con todo tipo de focos y fotógrafos, eso sí, los pobres mortales no podíamos arrimarnos.

Pues bien, si visitas la Capilla Sixtina, te contaré un secreto que espero te sirva de ayuda, y a ver si hay suerte y lo descubre todo el mundo y dejan de tomarnos por gilipollas.
Al finalizar tan maravillosa visita, tras pasar el tabique del que te hablaba, verás que los guardianes te dirigen hacia la puerta situada a la izquierda, la que pone exit, salida, ausgang, etc.
NI CASO.
Si te fijas bien, al fondo de la sala, a la derecha, hay una pequeña y discreta puerta, sin ninguna indicación, pero junto a ella se concentran..... los grupos guiados.
Avanza con paso firme, sin dudar, no te detengas, y entra por esa puerta. Te encontrarás un pasillo que desciende a la altura de las grutas vaticanas, y a continuación unas escaleras te llevarán DIRECTAMENTE AL INTERIOR de la Basílica de San Pedro, con la posibilidad también de incorporarte a la cola de subida a la cúpula, y en ambos casos ahorrándote los controles de seguridad y las largas colas que seguro encontrarás a la hora que acabes tu visita a los museos.
Los pobres que salen por la otra puerta, se encuentran EN LA CALLE, obligados a retroceder hasta la entrada a la Plaza de San Pedro, pasar el detector de metales, control de seguridad, y por último una gran cola para entrar a la iglesia.
Los muy zorros no ponen un cartel indicativo en la puerta de la derecha, ni te avisan de las consecuencias de salir por una o por otra.

Fin de mi pataleo. Continuaremos con las fotos, tema mucho más agradable. Perdón por mi desahogo, lo necesitaba.

Y AHORA OS PRESENTO LA MEJOR VISITA A LA CAPILLA SIXTINA QUE PODRÁS VER NUNCA, SALVO QUE SEAS PODEROSO O ESTES BIEN RELACIONADO (TENER UN PRIMO CURA NO ES SUFICIENTE PARA UNA VISITA PRIVADA).

¿Te gustó Roma?. Mucho.
¿Volverás?. Jamás.

Y por cierto, en mi profunda ignorancia en historia del arte, me atrevo a afirmar que las estancias de Rafael son tan buenas o mejores que la Capilla Sixtina, y sin embargo la gente las atraviesa para llegar a la capilla y no les presta ninguna atención. No trato de entenderlo, esto es así, y no tiene remedio.

7 comentarios:

Merce dijo...

El derecho a la pataleta siempre es el ultimo recurso que nos queda. Por desgracia...

Me lo he llevado al feisbuk, es digno de compartir :)

un abrazo

Tomás dijo...

Me ha gustado leerte. Me has recordado a Robert Langdon -¿era así?- y sus aventuras vaticanas en "Ángeles y Demonios" jeje.

Tal como dices la visita a los museos vaticanos se ha convertido en una odisea. He estado allí dos veces, la última hace cuatro años, y aunque no me tiraron sí que pude hacer algunas fotos a escondidas de la Capilla Sixtina. Sin embargo, ese continuo trasiego de gente, los empujones y tal consiguieron que me terminara mareando de verdad, o sea, poniéndome pálido y con ganas de soltar la pota sobre algún pequeño japonés -por cierto, estos japoneses son la leche porque no ven las cosas que visitan, sino que sólo se ocupan de grabarlas, supongo que para verlas plácidamente en el sillón de su casa como si fuera un documental.-

En cambio, la primera vez que estuve en Roma, hace 18 años, la visita era infinitamente más cómoda. No habia tanta cola ni tanta gente después dentro, y uno se podía perder por allí y echar el día entero a sus anchas, y en general, pasaba lo mismo en todos los lugares turísticos. Para ver el Moisés casi que tenemos que pedir la llave al sacristán de S. Pietro In Vincoli, y ahora no sólo hay que pagar, sino hacer cola y entrar por grupos.

En fin, habrá que comprarse un lanzallamas para ir a sitios así.

Un saludo.

Camarandante dijo...

ja! A mi casi me muelen a palos en la sixtina por sacar una foto!
Es peor que entrar descalzo a una mezquita!

Muy bueno tu blog
Un saludo

Camarandante dijo...

Perdonnn!! Con zapatos a la Mezquita!

Japy dijo...

Me he reido mucho con tu pataleta y me imagino que tu te has desahogado bastante. Una maravilla de post. Saludos.

Soraya Hedez dijo...

Pedro, eres un crack!!!!

Soraya Hedez dijo...

Qué crack eres!!!!!

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