martes, 22 de marzo de 2011

La Ruta del Desfiladero de Las Xanas - Asturias

El pasado Domingo tocaba excursión. Aunque estaba un poco lejos (a 30 km de Oviedo), mereció la pena conducir dos horas y media para pasar el día en el concejo de Santo Adriano recorriendo el "pequeño Cares". No era un camino muy duro, pero preferí dejar esta vez la cámara reflex (esa mochila cada vez pesa mas, la condenada ¿por qué será?), y me llevé la compacta bolsillera Panasonic Lumix TZ7, que con su objetivo equivalente a un 25-300mm y su reducido tamaño y peso es ideal para este tipo de actividades.

La garganta que ha producido el río Viescas en los montes que separan los concejos de Santo Adriano y Quirós sorprende desde el primer momento por su profundidad y la verticalidad de sus paredes. Nada más abandonar el parking de Villanueva, inicio de la ruta, y tras sólo caminar unos minutos, la altura de la senda nos lleva a una vista casi aérea de los coches que acabamos de dejar atrás.

Atravesamos un pequeño túnel excavado en la roca


y encontramos frente a nosotros un estrecho valle con una marcada V, signo de su juventud. El río de las Xanas aún tiene mucho trabajo por delante erosionando las rocas de la montaña.



En una ascensión constante pero al mismo tiempo muy cómoda de andar, nos adentramos en el cañón cada vez más estrecho, y al fondo se adivina el río con multitud de pequeños escalones que hacen blanquear el agua al caer. El caudal no es muy abundante teniendo en cuenta la época del año, pero si suficiente para ver los saltos en acción.
Después de atravesar los restos de una impresionante capa rocosa que deja adivinar el brutal plegamiento que sufrió en su día, quedando en una posición casi vertical en ambas laderas del valle, el camino se pega a la roca, en algunos tramos excavada mediante voladuras (se ven claramente las huellas de los barrenos) y con una gruesa soga anclada en la pared para dar sensación de seguridad a aquellos que sufran con las alturas -¿verdad Angel? - y un toque de emoción a los más pequeños. En realidad el camino es suficientemente ancho para caminar e incluso cruzarse con otro senderista sin necesidad de asomarse al borde del precipicio.
En una revuelta a izquierda del camino, atravesamos otro pequeño túnel excavado y al salir por el otro extremo y mirar hacia atrás un saliente en la pared de roca deja volar la imaginación, y vemos claramente el perfil de un gigante de piedra que parece guardar el inicio de la parte más abrupta del desfiladero - mi hija pequeña lo vió a la primera, y no conocía su existencia -.


Este último tramo es aún más angosto, con las paredes verticales y muy juntas, tanto que el río sólo demuestra su presencia con su sonoro y relajante murmullo, perdido en el fondo de un sombrío canal.
En unos metros el paisaje cambia radicalmente. De repente, el valle se abre de nuevo ante nosotros, pero ahora el río se siente cercano, a escasos diez metros del nivel del sendero, y todo el paisaje se muestra con un precioso tono verde que contrasta con el gris que la roca nos mostraba desde el principio de la ruta.
Sin dudarlo me acerco a ese río de montaña, con sus frías y cristalinas aguas saltando en infinidad de pequeñas cascadas, rodeado de rocas y troncos desprendidos, y todo ello cubierto de un bello manto de musgo.
Desconozco el origen de la denominación de este paraje, pero sin duda este es el lugar donde no sorprendería encontrarse a una de esas brujas traviesas - que no malas - recogiendo hierbas para sus secretas pócimas.

Y es en éste momento cuando echo de menos mi pesada mochila, y mi trípode, para poder capturar como es debido uno de mis motivos fotográficos favoritos, las cascadas. No descarto volver con todo mi equipo para conseguir mejores fotos que estas puramente testimoniales que hoy comparto aquí.





Dejado atrás el río, y tras un par de puentucos de madera que imagino útiles cuando el río venga crecido con el deshielo o las fuertes lluvias, el bosque de las xanas se abre en una gran pradera de montaña, con un repecho final un poco duro, hasta la iglesia de San Antonio, en Pedroveya. Desde la cota máxima de nuestra excursión, junto a un hermoso ejemplar de tejo que acompaña a la pequeña iglesia, con un sol radiante y rodeados de praderas donde pastan un grupo de caballos y ovejas, es tiempo de comer el merecido bocata.



Han sido cuatro escasos kilómetros de ascensión, y la belleza del paisaje nos ha ayudado a subirlos casi sin darnos cuenta, en dos horas y media - nos acompañan niñas de seis años, los adultos solos hubiéramos podido llegar en dos horas y veinte....-

Después del bocadillo y una pequeña siesta en el prao, nos acercamos a Pedroveya y su famosa y concurrida "Casa Generosa", a tomar un café de puchero y unos helados para las niñas. Son las tres de la tarde, y los pucheros de fabada, el cabrito asado y el arroz con leche corren por las mesas de todo el local, tanto dentro como en los hórreos que decoran la entrada. No todo son senderistas, la mayoría ha subido en coche a comer, pero a nosotros nos espera deshacer el camino hasta Villanueva.
Decorando el horreo

Se plantea la posibilidad de hacer la ruta circular, subiendo hasta Dosango y bajando a Villanueva pasando por Valdolayés, con tramos de carretera y tramos de pista, pero a todos nos ha gustado el camino de subida y decidimos volver por donde hemos venido, para seguir disfrutando de ese mágico paisaje.


El descenso se hace muy rápido, aunque con más "tráfico", ya que el lugar está muy próximo a la capital y es la hora de recogerse.


En una hora larga estamos de nuevo en los coches, y el bar Las Xanas nos espera al final del camino con una cerveza fresca.

Aún me queda tiempo de ascender por el río por un camino junto al bar, y me adentro por la parte baja del cañón unos doscientos metros para contemplar otra infinidad de pequeños y medianos saltos de agua del mismo río.


A los cántabros nos queda un poco lejos - a ver cuando demonios terminan el tramo Unquera-Llanes - pero la verdad es que da gusto visitar a nuestros vecinos asturianos. Se siente uno como en casa: el paisaje, el clima, la comida, la gente.

La calidad de las fotografías como ves es mala, pero no había tiempo, ni equipo, ni manos para más. Si vuelvo algún día llevaré mi arsenal.

4 comentarios:

neyoka dijo...

Vaya! También tengo el placer de conocer ese lugar y sin duda es como lo describes.

Un saludo

neyoka dijo...

Vaya! Yo también tengo el placer de conocer ese lugar y sin duda es como lo describes.
Un saludo.

OSCAR dijo...

Yo ahora conozco el lugar gracias a tí, y es un sitio que visitaré. Un saludo.

jlgomezlinares dijo...

Pero como se te ocurre el ir a las Xanas sin el equipo adecuado?, yo he estado varias veces y pienso volver y cargare una vez mas con el trípode y con la pesada reflex porque el sitio es extraordinario para recrearse en los distintos rincones que uno se encuentra.
A las Xanas hay que ir con tiempo porque es un lugar idílico donde parece que el tiempo se detuvo en siglos pasados.
Saludos

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